Empezando el regreso

Y como hay que regresar a la realidad a iniciar un nuevo año esperando que traiga prosperidad y en el cual se cumplan los deseos y propósitos que se hacen cada fin de año, toca emprender el camino de regreso, ésta vez por la ruta tradicional, la del ferry que es otra aventura para los que nos dejamos sorprender por esas cosas, así pues que la ansiedad del paseo no se había terminado, en la ruta había más cosas por descubrir y un disgusto más por superar.

Lo más bueno fue cruzar ese enorme río, de orilla a orilla en el ferry (todo un crucero) y ver como hacían los funcionarios para acomodar esa cantidad de carros en una plataforma tan pequeña, hasta creo que para trabajar allí tuvieron que superar el nivel más avanzado del clásico juego tetris, pues entre los carros no quedó ningún espacio libre y cupieron todos, bueno, casi todos porque aquí viene el cuento con el último disgusto. Antes de llegar al puerto de embarque hay unos muchachos de esos que se pasan la vida rebuscando plata sin escrúpulos, intimidando a la gente con falsos temores y tratando de sacarle a uno la platica bajo sutil presión. Les cuento que se ubican a la orilla de la carretera donde está la fila de carros y te van diciendo que hay mucho turno adelante, que ellos tienen un puesto reservado y que te lo pueden ceder, que está difícil la cosa pero que ellos te ayudan ¡Muy formalitos los hijueputas! Al preguntarle a los funcionarios del ferry responden que tranquilo que todos los carros caben, que no le de plata a esos muchachos, que todos pasamos. Ya con esa información uno se sienta tranquilo a recalentarse entre el carro porque ni sombra hay para guarecerse y da desconfianza dejar el carro solo con esos muchachos por ahí que siguen insistiendo con su discursito, pero uno tranquilo porque tiene la información de primera mano y no necesita de esos piratas para pasar, pero la tranquilidad empieza a menguar cuando otros tipos dignos representantes de la cultura de “el vivo” empiezan a pasar guiados por los muchachos esos por el lado de quienes esperamos en la fila y ahí si con cada carro uno se imagina que le están quitando el cupo en el tetris que cruza el río, pero los funcionarios insisten en que todos caben. El problema viene cuando ya empiezan a acomodar los carros y los tales “vivos” están adelante obstruyendo el paso de los que hicimos la fila, hasta insistiendo en que nos movamos para poderse meter porque los camiones les pueden rayar sus camionetas, respondiendo feo cuando les digo que mejor hacer la fila que colarse, pero que va, con gente así no se puede razonar. Con algo de esfuerzo se pudo alcanzar uno de los últimos puestos en la plataforma, no sin antes escuchar los acalorados comentarios de una señora que le increpaba a los colados por sus actos tan irrespetuosos, deshonestos. Con gente así será difícil construir una sociedad desarrollada, justa, sensata. Al final tanto “los vivos” que pagaron por un puesto, como los “bobos” que hicimos fila, entramos, con la pequeña diferencia de que ya ellos iban sufriendo el rechazo social de la mayoría que es la gente correcta que todavía por fortuna existe por ahí, no como en uno de los peajes que al regreso tocó pasar con tristeza, pues junto a las casetas de cobro, con todo el descaro, hay un paso paralelo y un señor de sombrero cobrando cuota para que los carros no tengan que cruzar por el peaje. Lo que me entristeció no es que el señor ese que seguramente es un peón de esos personajes innombrables estuviera cobrando, sino que tantas personas que uno supone honestas estén evadiendo el peaje y patrocinando con esa plata seguramente las armas que más tarde a ellos mismos van a afectar. Espero que no sea así, pero factible sí es. Es seguro que las autoridades saben de ese desecho para evadir el peaje, pero nadie hace nada al respecto, como en tantas otras situaciones que socialmente deberíamos rechazar. Lo mismo pasa cuando funcionarios públicos piden comisiones para adjudicar contratos con recursos públicos, cuando piden “colaboración” para no imponer las sanciones por haber cometido infracciones o hasta cuando se pasan el semáforo en rojo. Solo cuando seamos concientes de eso podremos soñar con algo de desarrollo.

 

Desvío a la derecha

Si ven, por estar de cascarrabias me volví a saltar otra de las cosas buenas del paseo, me faltó contar que en la ruta de regreso, tras un pequeño desvío de 30 kilómetros después de Sincelejo, se pudo disfrutar de un buen día de playa en Tolú para relajarme antes de llegar a la cotidianidad de mis días, y aunque no pude ver un temporal de los que se caen en el golfo de Morrosquillo (a propósito ¿quién fue Morrosquillo?), de esos que Tomás González narra con tanto realismo y que por eso mismo quiero presenciar, sí pude disfrutar de un hermoso colorido atardecer costeño, el mismo que ni siquiera unas caranguitas con ínfulas de traqueticos paisas pudieron dañarme con su estridente música y gritos etílicos mientras exhibían sus camionetas y sus muchachas operadas, exigiendo atenciones de cinco estrellas en hosterías populares. Bobos. Lo que sí me perturbó un poco fue al anochecer, mientras iba llegando a Medellín, cuando me volví a encontrar con esos maleducados en sus carros con las luces altas que no saben para qué es el cambio de luces y aún, dos de ellos, que al llegar al último peaje antes de entrar a la ciudad quisieron colarse en la fila por “vivos”, hasta se estaban enojando porque no les cedí mi puesto… ¡Cierto que tengo razón en enojarme!

Como se darán cuenta, en el regreso no hubo pérdidas en la vía, no tanto por la aplicación de mapas del celular, pues se quedó sin batería, sino por el anticuado mapa que nos regalaron en la oficina de información turística de Mompox y por la buena señalización que hay en este trayecto.

Ahora que he narrado mi experiencia les recomiendo que vayan a Mompox, vale la pena y no le paren muchas bolas a lo que les digo. En serio, vayan que hay muchas cosas bonitas por ver, pasen bueno y no se les olvide comprar filigrana para la mamá. Aprovechen y disfruten antes de que a esto se lo lleve el putas.

P.D. Si quieren una nueva crónica de viaje me sugieren el destino que cuando me pase la rabiecita vuelvo a salir.

LEE LA CRÓNICA COMPLETA:

Parte 1: Crónica de un “cascarrabias” por Mompox (primera parte – inicio)

Parte 2: Crónica de un cascarrabias por Mompox (segunda parte – en el destino)

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